Riesgo Sánchez: sube el dólar y se paralizan las inversiones en Perú antes de la segunda vuelta
La segunda vuelta presidencial ya empezó a pasarle factura a la economía peruana. La confirmación de la segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, programada para el 7 de junio, ha abierto un periodo de alta incertidumbre para los mercados, especialmente por las dudas que genera el eventual rumbo económico de un gobierno de Juntos por el Perú.
El principal foco de preocupación está en el plan económico de Sánchez. Entre sus propuestas figuran la renegociación de contratos vinculados a recursos naturales estratégicos, como minería, gas e hidrocarburos, además de una agenda de mayor intervención estatal. Gestión reportó que el plan del candidato contempla revisar contratos sobre recursos naturales, un punto que ha encendido alarmas sobre sus posibles efectos en la inversión privada y el empleo.
La reacción ya se observa en uno de los sectores más importantes para el país: la minería. De acuerdo con Gestión, los flujos de capital internacional orientados a proyectos mineros han entrado en pausa hasta conocer quién será elegido en la segunda vuelta. En otras palabras, el dinero no se ha ido necesariamente, pero sí está esperando. Y para una economía que depende de la inversión privada para crecer, esa espera ya representa una señal de deterioro de confianza.
El nerviosismo también ha sido advertido por actores financieros internacionales. JPMorgan señaló que la viabilidad fiscal del programa de Roberto Sánchez es cuestionable y advirtió que sus propuestas podrían afectar la inversión minera y elevar la incertidumbre fiscal en el país. Aunque el banco reconoce que existen límites institucionales para cambios estructurales profundos, el solo riesgo de un giro económico ya es suficiente para enfriar decisiones de inversión.
A este escenario se suma la presión sobre el dólar. El viernes 15 de mayo, el tipo de cambio cerró en S/ 3,44, con un avance de 0,38% frente al sol, según RPP. Para el martes 19 de mayo, la Superintendencia del Mercado de Valores reportó un tipo de cambio de S/ 3,4281, manteniéndose en niveles sensibles en plena etapa electoral.
Si bien el tipo de cambio no refleja únicamente factores políticos, en contextos electorales suele actuar como termómetro de confianza. La posibilidad de cambios en las reglas de juego, un mayor gasto público, revisión de contratos o debilitamiento de la disciplina fiscal puede llevar a empresas, inversionistas y familias a refugiarse en dólares, elevando la presión sobre la moneda local.
Las alertas no vienen solo del mercado. Fitch Ratings señaló que la incertidumbre política se mantendrá elevada hasta la segunda vuelta y proyectó que la economía peruana crecería 2,8% este año, en un contexto marcado por el proceso electoral y riesgos externos. La lectura es clara: el Perú aún conserva fundamentos macroeconómicos, pero el ruido político amenaza con limitar su capacidad de crecer más rápido.
El frente judicial de Sánchez también añade incertidumbre al escenario. Reuters informó que el candidato enfrenta acusaciones por presuntos delitos financieros vinculados a reportes de aportes de campaña de su partido en 2020 y 2021. Su defensa ha rechazado las acusaciones y ha señalado que la responsabilidad recaería en el tesorero partidario, pero el caso introduce un nuevo elemento de inestabilidad en plena campaña presidencial.
En este contexto, el costo económico de la incertidumbre empieza a hacerse visible: proyectos en pausa, inversionistas más cautelosos, empresas esperando señales y un dólar sensible a cada movimiento político. La segunda vuelta no solo definirá quién gobernará el Perú; también definirá si el país mantiene un marco económico predecible o si ingresa a un periodo de mayor tensión con el capital privado.
Para sectores como la minería, energía, infraestructura y mercado de capitales, el riesgo no está únicamente en quién gane, sino en qué tan rápido el próximo gobierno pueda despejar dudas sobre estabilidad jurídica, disciplina fiscal y respeto a la inversión. Hasta entonces, la economía peruana seguirá pagando el costo de la espera.