Desde 2020 se aprobaron 7 medidas antidumping a productos chinos: Indecopi entra a la recta final en el caso del alambrón

Desde 2020 se aprobaron 7 medidas antidumping a productos chinos: Indecopi entra a la recta final en el caso del alambrón

En Perú se habla cada vez más de “dumping” cuando se discuten importaciones que llegan desde China a precios muy bajos. Y no es solo una sensación: el país ha empezado a usar con mayor frecuencia los instrumentos para responder a estos casos. Un dato lo refleja con claridad: desde 1999, solo se habían aprobado dos medidas antidumping; pero a partir de 2020, el uso de este mecanismo de defensa comercial se aceleró y, desde entonces, ya se aprobaron siete.

El cambio ocurre en un contexto internacional que empujó el debate. Tras la pandemia, las importaciones chinas crecieron con fuerza y, en paralelo, China enfrentó un escenario de sobreproducción y desaceleración interna que incrementó la presión por colocar productos en el exterior. La tendencia no es solo peruana. En el mundo, entre 2020 y 2024 se registraron 479 investigaciones antidumping contra China, un salto de 57% frente al quinquenio previo.

Se revisa si hay dumping cuando un producto entra a un país a un precio tan bajo que puede “romper” el mercado. No se trata de castigar que algo sea barato por ser eficiente; el problema aparece cuando el precio es tan bajo que puede distorsionar la competencia y dejar a las empresas locales sin posibilidad real de competir. Si esa presión se mantiene, las consecuencias pueden ser concretas: caen ventas y márgenes, baja el uso de capacidad instalada, se frenan inversiones, se recortan turnos y, en casos extremos, cierran líneas o empresas. Cuando eso ocurre, el golpe no solo es para la fábrica, sino también para empleos y proveedores que dependen de esa cadena productiva.

En Perú, además, se ha señalado que en algunos sectores se detectaron subvaloraciones de hasta 80% en importaciones, y que ello impactó la producción, las ventas y el uso de capacidad instalada en industrias nacionales. Dentro de ese panorama, las medidas vigentes o aplicadas han alcanzado productos como calzados, cubiertos de acero inoxidable, tejidos de poliéster con algodón, cierres, zapatos de material textil, alambre de acero y lavaderos de acero inoxidable.

Un caso reciente ayudó a poner el tema nuevamente en la conversación pública: en enero, Indecopi impuso derechos antidumping definitivos por cinco años a los lavaderos de acero inoxidable chinos, tras concluir que existía daño a la industria local.

La presión no se limita al mercado peruano. En América Latina, China se consolida como el principal proveedor externo y su participación en importaciones sigue creciendo. Para 2025, Perú aparece con 31%, seguido por Colombia y Chile con 27%, Brasil con 25%, Argentina con 24% y México con 21%.

En ese marco, desde el sector industrial han surgido alertas. Antonio Castillo, gerente general de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), ha señalado que la competencia con productos chinos “afecta a la industria local” y que esos precios “pueden calificarse como dumping”. En la misma línea, Tulio Silgado, gerente general de Aceros Arequipa, ha advertido que el ingreso de importaciones compite con la producción local “a precios dumping o subsidiados” y que ello ha afectado líneas específicas vinculadas a tubos y alambrón. A nivel regional, Ezequiel Tavernelli, director ejecutivo de Alacero, también ha dicho que lo preocupante es que el acero chino “entra a precios desleales, a precios de dumping”, mientras que Jorge Oliveira, presidente de Alacero, sostiene que el mercado siderúrgico latinoamericano “se está deteriorando” por la sobrecapacidad global que llega desde Asia.

En medio de la discusión, también hay llamados a la prudencia técnica. El economista Alonso Macedo, del IPE, recuerda que las medidas antidumping son legítimas y están respaldadas por la OMC, pero que deben basarse en evidencia sólida y no convertirse en proteccionismo encubierto. En su lectura, el desafío de fondo para el país sigue siendo estructural: elevar productividad y competitividad.