Ni Trump ni el petróleo frenan la ola verde: Latinoamérica se blinda con energías renovables
La región latinoamericana ha alcanzado un punto de no retorno en su apuesta por las energías limpias, impulsada más por la eficiencia económica que por las ideologías de turno. Durante la 16ª Asamblea General de IRENA en Abu Dabi, la viceministra de Innovación y Transición Energética de República Dominicana, Betty Soto, afirmó con contundencia que es prácticamente imposible que los países que ya han desarrollado plataformas renovables regresen a los combustibles fósiles. El argumento central es puramente financiero: la generación a partir de fuentes naturales es actualmente mucho más barata, flexible y costo-eficiente, lo que dota a las naciones de la región de una soberanía energética y una estabilidad de precios que el petróleo y el gas no pueden garantizar.
República Dominicana se ha convertido en el estandarte de esta transformación en el Caribe, logrando reducir su dependencia de los combustibles fósiles a menos del 15% en su matriz eléctrica. Este liderazgo ha llevado al país a asumir la presidencia de la agencia internacional en un año marcado por la turbulencia diplomática, tras la reciente decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de retirar a su país de IRENA y otros 65 organismos internacionales. Para la administración dominicana, si bien cada Estado es soberano de sus decisiones, la salida de una potencia no detiene el avance tecnológico ni la necesidad de diversificar las matrices energéticas de los países en desarrollo, que ven en el sol y el viento una ruta segura hacia la modernización.
A pesar de que el portazo de Washington deja un vacío financiero del 22% en el presupuesto del organismo, la tendencia global respalda el optimismo latinoamericano. El año pasado, el 92% de la nueva capacidad eléctrica instalada en todo el mundo fue de origen renovable, lo que demuestra que el mercado global ya ha elegido su rumbo. Ante la brecha económica dejada por Estados Unidos, las autoridades de IRENA ya buscan mecanismos alternativos para cubrir el déficit, mientras España y República Dominicana lideran un frente común que prioriza la sostenibilidad. En este escenario, la transición energética no se percibe como una opción política, sino como un blindaje estratégico contra la volatilidad del mercado exterior.