Guerra en Medio Oriente ya golpea el bolsillo en Perú: suben los precios en combustibles, alimentos y servicios
La guerra en Medio Oriente no solo es una noticia internacional. En el Perú, puede sentirse en el taxi, en el pasaje, en el reparto, en la compra del mercado y en la estructura de costos de empresas que luego trasladan parte de ese sobreprecio al consumidor. Si la tensión se prolonga, el impacto podría sentirse con más fuerza, sobre todo, en el precio de los alimentos, además de otros servicios y del gasto familiar en general.
Lo que ocurre a miles de kilómetros, entre rutas petroleras, ataques y amenazas sobre el tránsito marítimo, termina teniendo una consecuencia muy concreta en el Perú: pagar más. La nueva escalada en Medio Oriente ha elevado el precio internacional del petróleo y reactivado el temor de un encarecimiento en cadena, primero en los combustibles y luego en el costo de mover mercadería, producir bienes y sostener servicios. En ese escenario, uno de los rubros más sensibles es el de los alimentos, porque dependen del transporte, de la energía y, en muchos casos, de insumos importados. El propio Banco Central de Reserva del Perú advirtió que el conflicto elevó los precios del petróleo y aumentó los temores de presiones inflacionarias.
La razón es bastante simple. Cuando sube el petróleo, no solo se encarece la gasolina o el diésel. También suben los costos de transporte de carga, distribución, logística y operación de negocios que dependen de combustible o de energía más cara. Un reporte semanal de Scotiabank, citado por El Comercio, explicó que el aumento del petróleo impacta de manera directa en los combustibles y, desde ahí, se traslada al transporte y luego al resto de bienes y servicios. En la práctica, esto significa que llevar alimentos del campo a los mercados, abastecer supermercados o distribuir productos de primera necesidad se vuelve más costoso.
En el caso peruano, ese efecto ya empezó a reflejarse. El Ministerio de Energía y Minas señaló que el incremento reciente del precio de los combustibles tuvo un componente externo claramente vinculado al conflicto en Medio Oriente, que elevó el precio del petróleo. Cuando eso ocurre, los primeros sectores en resentirlo suelen ser aquellos que dependen de una logística constante, como el transporte de alimentos frescos, abarrotes y productos de consumo diario.
El golpe no ha sido menor. Un análisis del Instituto Peruano de Economía difundido por El Comercio reportó que, en marzo, los precios promedio de venta al público del diésel y las gasolinas llegaron a incrementarse hasta 27% frente al promedio observado entre enero y febrero. Este aumento no se queda en los grifos: termina filtrándose en toda la cadena y ejerciendo presión sobre el precio final de los productos que llegan a la mesa de las familias.
Pero el problema no termina en el combustible. Cuando transportar alimentos cuesta más, el efecto llega al mercado mayorista, al reparto y finalmente al consumidor. Y hay otro punto clave: el Perú también depende de insumos importados. En su Reporte de Inflación, el BCR señaló que el valor de las importaciones peruanas aumentó, entre otros factores, por mayores volúmenes importados de petróleo, trigo y maíz. Eso significa que cualquier shock que encarezca energía, fletes o rutas comerciales puede terminar presionando productos básicos y cadenas alimentarias locales. En otras palabras, no solo podrían subir los combustibles, sino también alimentos vinculados al pan, harinas, aves, aceites y otros productos cuyo precio responde al costo de insumos y transporte.
Otro canal de contagio es la cadena de suministro. Andrés Bianchi, CEO de Latam Cargo, dijo a El Comercio que sí existe “un impacto importante” en el costo del combustible y en la cadena de suministro global. Traducido a la vida diaria, esto significa que no solo podrían encarecerse los traslados de personas, sino también el movimiento de productos, repuestos, insumos industriales y mercadería que termina abasteciendo comercios y hogares. Y cuando ese abastecimiento se encarece o se vuelve más complejo, uno de los primeros impactos que perciben las familias aparece en el precio de los alimentos y en el costo cotidiano de llenar la canasta básica.